Berkshire Annual Meeting 2026: la primera junta sin Buffett al mando

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Acabo de regresar de Omaha, Nebraska, de mi segundo Berkshire Hathaway Annual Meeting. El plan original era llegar el jueves para aprovechar el viernes entero recorriendo charlas y el famoso ecosistema que se arma en paralelo al evento. El sábado caería el plato fuerte —la junta de accionistas— y en la tarde una conferencia más, antes de cerrar con la cena tradicional de los panameños en Gorat’s.

No salió exactamente como pensaba. Tuve un problema con la visa que me obligó a atrasar el vuelo, y entre tantos retrasos terminé llegando el viernes en la tarde. Adiós a las charlas del viernes. Me dijeron que estuvieron buenísimas y eso me dolió, porque lo que más quería confirmar este año era si el ecosistema paralelo —las side conferences, los grupos pequeños, los meet-ups de inversionistas— seguía vivo. Por lo que escuché y vi después: sí, sigue con energía.

El hotel con vista privilegiada

Me quedé en el Kimpton Cottonwood, sobre la famosa Farnam Street. Resulta que justo al lado quedan las oficinas de Warren Buffett, en Blackstone Plaza —el histórico Kiewit Plaza, sede de Berkshire Hathaway desde 1962, que cambió de nombre cuando lo compraron en 2019—. La casa de Buffett queda en esa misma calle, a cinco minutos. Por algo el magnífico podcast de Shane Parrish se llama Farnam Street: se dedicó a aprender y publicar sobre la sabiduría de Warren Buffett y Charlie Munger, y lo bautizó con la calle de la oficina.

En el Kimpton se congregaron celebridades todo el fin de semana. Una noche había un evento privado de Berkshire en el lobby, y por la cantidad de guardaespaldas trajeados afuera, pensamos que Buffett estaba adentro. Otro día, en la entrada, tenía al lado mío a Bill Murray —sí, el actor—, que resulta ser accionista de Berkshire desde los años 70. Y para rematar, Li Lu, el «Warren Buffett de China», hacía un evento privado en el piso 8. Tres panameños intentamos colarnos, pero nos pararon en la puerta: era con invitación. Para los que no lo conozcan, Li Lu es la única persona a quien Charlie Munger le confió su dinero personal para que se lo administrara.

Blackstone Plaza de noche en Farnam Street, Omaha, sede de las oficinas de Warren Buffett
Blackstone Plaza de noche —el histórico Kiewit Plaza, donde están las oficinas de Warren Buffett en Farnam Street.

La era Greg Abel: menos carisma, más operación

El sábado fue, en una palabra, transición. Greg Abel lideró su primera junta como CEO, con Buffett (95 años) sentado en la audiencia por primera vez en 60 años. La jugada se parece mucho a la de Apple cuando Tim Cook reemplazó a Steve Jobs: cuando se va el fundador-leyenda, el nuevo CEO realza al equipo ejecutivo para demostrar la profundidad del management y que la empresa va más allá de una sola persona.

El año pasado Buffett fue muy general —casi no habló del negocio; fue todo sabiduría de vida, anécdotas, filosofía—. Este año, con Greg, el tono cambió 180°:

  • Métricas y rankings, sin filtro. BNSF pasó del 5.º al 4.º lugar entre las seis Class I railroads. El margen operativo subió 250 puntos básicos en 2025. Union Pacific, el líder, está en 39.5%. Brecha clara, plan claro. A Warren probablemente le habría dado pena hablar así de un activo propio en público; Greg lo dijo sin pestañear.
  • Tecnología in-house. El mantra: ser builders de tecnología, no compradores. Movieron al líder técnico de GEICO a un rol senior en Berkshire Hathaway Energy y BNSF para replicar el playbook.
  • «Narrow AI». Greg detesta el término «AI» a secas. Tres principios: humano siempre en el loop, reproducibilidad como salvaguarda, y que la AI sea aditiva al negocio (nada de «AI por AI»).
  • Subieron a los gerentes generales de GEICO, BNSF y NetJets/Consumer Products al escenario. Por primera vez vimos a esos operadores en vivo, defendiendo sus negocios.

¿Tiene Greg el carisma de Warren? No. Y nadie pretende que lo tenga: él es un operador, no un comediante. Y me parece lo correcto: si no eres carismático, mejor enseñas cómo piensas como negocio. Las preguntas también lo reflejaron. A Buffett le hacían cosas tipo «¿qué harías si pudieras pasar un día más con Charlie Munger?». A Greg nadie le pregunta eso: le preguntan de AI, sucesión en seguros, autonomous trucking, descentralización, tarifas. Es mucho más sobre el negocio. Hasta cierto punto, uno termina conociendo mejor la empresa este año.

La arena del CHI Health Center durante la junta de accionistas de Berkshire Hathaway 2026
El CHI Health Center en la primera junta con Greg Abel como CEO.

El homenaje a Buffett —y la realidad

Lo más emotivo del día: izaron oficialmente el «jersey» de Warren —el número 60, por sus 60 años como CEO— hasta las vigas del CHI Health Center, junto al de Charlie Munger. La arena explotó en aplausos. Después Warren tomó el micrófono y, hablando de Greg, dijo: «Está haciendo todo lo que yo hacía, y un poco más, y lo está haciendo mejor en todos los casos.» 100% Buffett.

Banner BUFFETT 60 1965-2025 izado en las vigas del CHI Health Center
El banner «BUFFETT · 60 · 1965-2025» izado a las vigas, en homenaje a sus 60 años como CEO.

Warren volvió al cuento de Apple —los 35 mil millones que invirtieron hace diez años se convirtieron en 185 mil millones pre-tax, «y no tuve que hacer ni una maldita cosa»— y aprovechó para reconocer a Tim Cook (también retirándose) que estaba en la audiencia. Más tarde Becky Quick lo entrevistó en vivo y soltó frases ya antológicas: «el mercado es una iglesia con un casino al lado» y «los mejores tiempos para comprar son cuando nadie contesta el teléfono.»

A lo largo del día, Warren trazó varias veces el paralelo entre él y Steve Jobs, y entre Greg Abel y Tim Cook: el visionario que crea, el operador que escala. La comparación no la inventé yo —la hizo él mismo desde el escenario.

Retrato de homenaje a Warren Buffett en el exhibit hall de la junta 2026
El homenaje en el exhibit hall: «With Gratitude, Warren Buffett, Chairman».

Pero te voy a ser honesto: Buffett me dio tristeza. Se ve muy viejo. Cuando habla le cuesta modular, le cuesta reírse, hay momentos en que no se le entiende del todo. Le queda poco tiempo, y eso me lleva al elefante en la sala.

Warren Buffett, 95 años, al micrófono con su sudadera azul en la junta de Berkshire 2026
Warren Buffett, 95 años, al micrófono con la sudadera azul que se hizo viral.

¿Qué pasa el día que Buffett no esté?

Este año la energía estaba claramente más baja. Mi estimado a ojo: 30-40% menos asistentes que el año pasado (la prensa habló de unos 25,000, contra 40,000 en 2025). El exhibit hall estuvo más mudo a la hora de comprar. Y la pregunta que me persigue es: ¿qué pasa el año en que falte Warren?

Ya se empiezan a ver movimientos para llenar el vacío, y se nota que va a haber competencia por ser la sede de los inversionistas value el próximo año:

  • Tom Gayner (Markel) quiere armar un fin de semana entero parecido al de Berkshire.
  • Bill Ackman dijo que va a ser mucho más activo en redes y conferencias públicas, en parte promocionando sus nuevos fondos.

¿Alguno le va a llegar a los talones a Buffett? Lo dudo. Warren combina algo casi imposible de replicar: track record de seis décadas, comunicador legendario y figura cultural más allá de las finanzas. Pero está claro que se está formando un vacío de poder en el liderazgo simbólico de los inversionistas value, y van a ser varios los que intenten agarrar la batuta. Mi apuesta: no habrá un sucesor único, sino una fragmentación —cada gran inversionista tendrá su propia «junta» en distintos pueblos—.

El after: Kanbrick y la cena de los panameños

Saliendo de la junta principal, fui al exhibit hall a hacer mi compra anual: zapatillas Brooks (gracias, Dan Sheridan), una taza de café, una bola de béisbol firmada. Es uno de los espacios más bonitos del fin de semana: uno camina entre las marcas de Berkshire conociendo productos y servicios que de otra forma no vería.

Después tuve la fortuna de meterme a una sesión muy buena de Kanbrick, la firma que armó Tracy Britt Cool (ex–financial assistant de Buffett, ex-CEO de Pampered Chef) con su socio Brian Humphrey. Lo que están haciendo me parece brillante: un «Berkshire para empresas más pequeñas» —long-term home, capital paciente, hold de 10+ años, leverage conservador (~2.5-3x, contra 4-6x del PE tradicional), filosofía idéntica pero a una escala más manejable—. Su tesis: el mundo no necesitaba otro middle-market PE; necesitaba un home de largo plazo con ADN de operador.

Tres ideas que me llevé y que aterricé directo a Porta Norte:

  1. La ecuación del compounding. 20% anual durante 20 años se convierte en ~38x. Es la matemática que cualquier builder de largo plazo debería tener escrita en la pared. En real estate solarpunk con horizonte de 50 años, esa disciplina es nuestra ventaja competitiva.
  2. Las 4 Ms para evaluar contrapartes (developers, instituciones, comerciantes que entran a Porta Norte): Market, Moat, Management, More potential. El «more potential» es su versión personal del margin of safety: no en el precio, sino en lo que pueden co-crear con el partner.
  3. Patience compounds. Tracy y Brian llevan cinco años invirtiendo en su comunidad de CEOs (~4,000 personas), y dos de sus portfolio companies salieron de ahí. La lección: construir comunidad antes de necesitar el deal flow. Aplicable directo a cómo cultivamos relaciones con inversionistas, residentes y operadores en Porta Norte.

Ya en la noche, la cena tradicional en Gorat’s, el steakhouse que Buffett popularizó. Éramos como 12-14 panameños en la mesa (algunos ya se habían ido cuando tomé la foto), y ese es un número alto para cualquier conferencia en Estados Unidos: el viaje desde Panamá toma mínimo 12-14 horas con escalas, casi tanto como ir a Madrid. La pasión que hay que tener para hacer este viaje cada año es muy alta, y dice algo del grupo de gente que lo hace.

Cena de los panameños en Gorat's Steak House durante el fin de semana de Berkshire 2026
La cena tradicional de los panameños en Gorat’s, el steakhouse que Buffett popularizó.

Al día siguiente regresé temprano a Panamá. Sigo lamentando haberme perdido las charlas del viernes, pero la jornada del sábado —aún con la energía más baja— valió cada hora de vuelo.

Reflexión

Es mi segundo año yendo, y cada vez veo más este viaje como práctica de inversionista, no como turismo financiero. Las juntas de accionistas son una forma poderosa de:

  • Conocer mejor las empresas en las que uno está invertido, y decidir si subir o bajar la exposición.
  • Supervisar al management: verle la cara, escuchar cómo piensa, evaluar cómo está envejeciendo (literal y figuradamente).
  • Recargar la pasión rodeándote de gente que valora estos temas. Seamos honestos: muy poca gente en el mundo sabe —o quiere— hablar de combined ratios, capital allocation y moats con profundidad.

Cuando estás en una sala con miles de personas que volaron 12-14 horas para escuchar a un CEO hablar del 10-Q, te das cuenta de algo: hay una tribu de gente que piensa así, y rodearte de ellos te hace mejor inversionista. Más que cualquier libro o curso.

Me quedo con ganas de ir a otras juntas —Markel, Constellation Software, Fairfax, tal vez—. Si uno quiere aprender a pensar como dueño de largo plazo, este tipo de eventos son la mejor educación que existe.

Hasta el año que viene, Omaha. Espero que Warren todavía esté ahí.

¿Y qué pienso de BRK?

Me lo preguntan seguido, así que voy directo. Hoy BRK-A ronda los $750,000 y BRK-B unos $500. Depende de qué busques y del precio al que entres, pero mi lectura es esta: Berkshire está fairly valued y el S&P 500 está, para mí, overvalued. Por eso ahorita me gusta bastante más Berkshire que el índice.

No esperes retornos altos a mediano plazo —yo apuntaría a algo como 6% anual—. Lo veo casi tan seguro como un T-Bill, pero con mejor rendimiento: diversificación de país, balance de fortaleza y un descuento de puro sentido común. Súper conservador.

Por eso le sigo invirtiendo junto a mis padres. Para mi portafolio personal tengo una posición, pero hoy prefiero cosas menos conservadoras y con mejor expectativa de retorno. Caballos distintos para carreras distintas.

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24 days ago

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